La cultura inclusiva, vista desde los colectivos diversos que se encuentran en una comunidad, requerirá para su pleno desarrollo, la propuesta de herramientas de tipo lúdico, pedagógico, y diverso, que conlleven a una transformación de imaginarios, actitudes y comportamientos desencadenando así, procesos de inclusión, en el marco de la equidad y la igualdad, para los niños, niñas, adolescentes y población diversa en general.
Aunado a lo anterior, y como elemento de prioridad, los
espacios educativos, de salud, laborales, entre otros, deben estar permeados,
por una toma de conciencia de cada individuo implicado en la cultura inclusiva,
abordando entonces con gran cuidado, las diferencias de una sociedad, el
respeto a la diversidad, a la diferencia de opiniones, al diálogo a través de
la sana convivencia, los cuales son los cimientos de la formación de ciudadanos
competentes, justos y democráticos, entendiendo entonces, los deberes que cada
individuo tiene para con sus pares sin ningún tipo de rechazo o exclusión.
La cultura inclusiva permite convertir situaciones de
exclusión y segregación a través de los diferentes valores como el
respeto, la equidad, la solidaridad. Esto posibilita mejorar los procesos de
enseñanza y aprendizaje, ofreciendo a todos los estudiantes las mismas oportunidades
de participación para alcanzar una educación de calidad, que conlleve a
fortalecer los diferentes procesos de convivencia social.
Por otra parte la cultura inclusiva lucha contra la
desigualdad, fortaleciendo las relaciones entre las personas y sus entornos,
transformando las comunidades, llevándolas a un reconocimiento y aceptación de
la diversidad.
Se considera importante la sensibilización para la
inclusión de niños y niñas con cualquier tipo de discapacidades al sistema
educativo regular, debido a que, esto favorece la formación y participación en
el proceso de cambio, permitiendo que compartan los mismos espacios educativos
y la misma educación, en las mejores condiciones. Así mismo las barreras
actitudinales son lo primero que hay que derribar, para determinar una
participación plena, transmitiendo las nociones de derechos que permitan que en
cada pequeño ser humano florezcan en concordancia con su cuerpo, talento e
interés, así se fortalecerán y favorecerán dichas actitudes.
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